La provincia sudafricana de Limpopo, al norte de Johannesburgo, alberga una joya geológica que ha sostenido la producción de metales del grupo del platino (PGM) durante décadas: Mogalakwena, el mayor yacimiento a cielo abierto del mundo en esta categoría. A pesar de su imponencia, los desafíos geológicos han comenzado a exigir un nuevo enfoque operativo. Valterra Platinum ha decidido dar ese paso.
Stephan Nothnagel, gerente general del proyecto de minería subterránea en Mogalakwena, confirmó que la empresa iniciará pruebas de extracción en la sección subterránea del tajo Sandsloot a finales de 2026. Esta transición representa un momento clave no solo para la mina, sino para la estrategia futura de la compañía.
La razón detrás de este viraje es clara. Aunque los cinco tajos abiertos de Mogalakwena han rendido frutos significativos, las leyes minerales han mostrado una tendencia descendente. En minería, ese factor suele marcar el inicio de decisiones complejas. En este caso, la apuesta es contundente: extraer desde mayor profundidad, donde la riqueza del mineral es superior, a pesar de los mayores costos y riesgos operativos que eso implica.
Sandsloot no es cualquier tajo. Su cuerpo mineral contiene concentraciones más altas de PGMs, lo que justifica el viraje hacia una minería subterránea. En tiempos en que los precios de estos metales han sufrido caídas ante la expansión de los vehículos eléctricos a batería —que no requieren catalizadores de platino—, esta decisión podría parecer contracorriente. Pero Valterra Platinum no lo ve así.
La mina aporta cerca del 50% de toda la producción de PGMs del grupo. Esto convierte a Mogalakwena en una pieza central de la compañía. Por ello, más que una reacción a corto plazo, el desarrollo subterráneo forma parte de una visión de largo aliento, anclada en la recuperación y expansión de la demanda de estos metales.
La confianza no es ciega. Desde julio, Valterra ha iniciado un estudio de factibilidad que deberá completarse antes de tomar una decisión final de inversión, prevista para el primer semestre de 2027. Pero los indicios ya están sobre la mesa. Si las pruebas a finales de 2026 resultan viables y el análisis financiero se alinea, el primer mineral será transportado desde la parte superior del cuerpo de mena hacia la superficie.
Las proyecciones de la empresa apuntan a que la nueva operación subterránea podría escalar a entre 3.6 y 4.5 millones de toneladas anuales después del año 2030. Si ese escenario se materializa, la producción total de concentrado en Mogalakwena podría incrementarse entre un 10% y un 50%, una cifra ambiciosa pero alcanzable con la tecnología actual y la calidad del yacimiento.
Durante una visita guiada con medios de comunicación, directivos como Martin Poggiolini, responsable de estrategia corporativa, y Agit Singh, jefe de operaciones de procesamiento, compartieron detalles sobre cómo Valterra busca expandir la demanda de PGMs. El foco no está únicamente en el sector automotriz. Se están desarrollando aplicaciones en áreas como la producción de hidrógeno y vehículos eléctricos con celdas de combustible, segmentos donde los metales del grupo del platino siguen siendo indispensables.
Esa diversificación es estratégica. Aunque los catalizadores automotrices han sido el principal mercado de los PGMs durante décadas, el giro energético global hacia fuentes limpias exige adaptabilidad. Sudáfrica, responsable de más del 70% de la producción mundial de platino, no puede permitirse depender de una sola vía de comercialización.
Además, el compromiso de Valterra con la sostenibilidad y el aprovechamiento eficiente de sus recursos le ha permitido mantener un discurso de confianza incluso en momentos de precios a la baja. Como señaló Singh, la empresa mantiene “una muy buena confianza en los fundamentos del sector PGM tanto en el corto como en el largo plazo”.
Es imposible hablar de esta decisión sin considerar el contexto sudafricano. El país ha sido históricamente dependiente de su industria minera, con particular énfasis en los PGMs, oro y cromo. Sin embargo, la combinación de envejecimiento de minas, infraestructura energética precaria y complejidades laborales ha puesto presión sobre los márgenes. Apostar por una mina subterránea en ese entorno no es una elección liviana: es una declaración de principios.
La transición hacia la operación subterránea también permitirá a Valterra emplear nuevas tecnologías de extracción selectiva, ventilación inteligente y monitoreo en tiempo real. Estas técnicas, que hace una década eran marginales, hoy se han convertido en la norma para los proyectos que buscan longevidad y eficiencia.
En la región de Limpopo, comunidades cercanas ya comienzan a ver oportunidades. El desarrollo de una nueva operación minera suele traducirse en inversiones paralelas en infraestructura, capacitación técnica y servicios. Y aunque los desafíos sociales y medioambientales existen, la minería bien regulada y tecnificada tiene un enorme potencial de impacto positivo.
El caso Mogalakwena demuestra que la minería puede ser resiliente y visionaria. Frente a una coyuntura internacional adversa, Valterra no reduce su presencia: rediseña su estrategia, aprovecha sus recursos de mayor ley y apuesta por nuevas tecnologías.
Queda por ver si otras empresas sudafricanas seguirán el mismo camino. Pero lo cierto es que la iniciativa en Mogalakwena sienta un precedente: los metales del grupo del platino siguen teniendo futuro, siempre que se adapten a un nuevo entorno global.

