La mina Mara Rosa, ubicada en el estado de Goiás, Brasil, y propiedad de la británica Hochschild Mining, enfrenta uno de sus momentos más críticos desde su entrada en operación. Este revés no solo ha afectado la producción prevista de oro para 2025, sino que ha impactado directamente en la confianza de los inversionistas y en el valor bursátil de la compañía.
Las acciones de Hochschild (LSE: HOC) se desplomaron un 13% este miércoles, tras anunciar una fuerte revisión a la baja en sus expectativas anuales de producción para Mara Rosa. De esperar entre 94,000 y 104,000 onzas de oro este año, la nueva guía se sitúa entre apenas 35,000 y 45,000 onzas. El anuncio fue un balde de agua fría para el mercado, especialmente luego del optimismo inicial que generó el inicio de operaciones comerciales de la mina apenas en mayo pasado, tras su primer vertido de oro en febrero.
Este es el primer proyecto de Hochschild en Brasil, adquirido mediante la compra de Amarillo Gold por 135 millones de dólares canadienses a finales de 2021. Desde el principio, Mara Rosa se posicionó como una apuesta estratégica para diversificar la presencia geográfica de la compañía más allá de sus activos históricos en Perú y Argentina. Sin embargo, los resultados del primer semestre de 2025 han estado lejos de cumplir con las expectativas.
El propio director ejecutivo, Eduardo Landin, reconoció que la operación tuvo un inicio complicado. Condiciones climáticas adversas, con lluvias estacionales más intensas de lo habitual, sumadas a un desempeño deficiente de los contratistas, impidieron el acceso a zonas de mayor ley dentro del tajo. A esto se sumaron fallas en los procesos de filtración, las cuales retrasaron aún más la recuperación de los rezagos en la remoción de estériles acumulados desde 2024.
A raíz de estos contratiempos, la minera implementó una revisión integral del sitio, que incluyó la suspensión temporal de la planta de procesamiento por cuatro semanas. Durante este tiempo se realizaron labores críticas de mantenimiento, además de permitir al fabricante intervenir en la reparación de los filtros mecánicos. Las actividades mineras continuaron normalmente durante ese periodo, lo que evitó una paralización total del proyecto.
La renuncia del jefe de operaciones, Rodrigo Nunes, a principios de este año, también encendió las alertas internas. La revisión impulsada por la empresa abarcó todos los aspectos del complejo: desde minería y procesamiento hasta permisos regulatorios. Este esfuerzo, aunque necesario, revela que los problemas no eran menores ni aislados.
A pesar de las dificultades, la producción en Mara Rosa durante la primera mitad del año alcanzó 28,416 onzas de oro, lo que representa una mejora sustancial respecto a las 14,354 onzas registradas en el mismo período del año anterior. Sin embargo, la cifra sigue muy por debajo de lo proyectado, incluso considerando que el segundo semestre suele ser más favorable para la minería en la región.
Analistas del banco BMO Capital Markets señalaron que la revisión a la baja del 60% para Mara Rosa se encuentra por debajo de sus propios cálculos, que anticipaban al menos 56,000 onzas. Esta desviación refuerza la percepción de que la situación operativa es más delicada de lo que se había comunicado anteriormente.
En términos generales, la compañía también ajustó su guía de producción global. Ahora espera entre 291,000 y 319,000 onzas equivalentes de oro para 2025, frente al rango anterior de 350,000 a 378,000. Si bien esta nueva previsión está apenas por debajo del pronóstico de BMO (320,000 onzas), representa una reducción del 16% que no pasó desapercibida para el mercado.
Cabe destacar que las operaciones de Hochschild en Inmaculada (Perú) y San José (Argentina) mantienen sin cambios sus proyecciones. Ambos proyectos siguen siendo pilares fundamentales de la compañía, con estabilidad operativa y márgenes atractivos, lo cual ha permitido contener, en parte, el impacto negativo generado por Mara Rosa.
Este episodio deja varias lecciones tanto para Hochschild como para la industria en general. Ampliar la presencia internacional en jurisdicciones con menor tradición minera implica riesgos adicionales: desde desafíos climáticos y técnicos hasta barreras culturales y regulatorias. No obstante, también es una oportunidad para demostrar capacidad de adaptación y compromiso con la mejora continua.
Brasil es un país con enorme potencial minero, pero no exento de complejidades. Mara Rosa, con sus más de 1 millón de onzas en recursos, sigue siendo un activo estratégico. La clave estará en corregir las fallas detectadas, recuperar la confianza del mercado y capitalizar los aprendizajes de este arranque accidentado.
En contextos como este, la minería muestra también su lado resiliente. Cada operación exitosa es resultado de resolver problemas, ajustar procesos y tomar decisiones difíciles. La caída de las acciones refleja un golpe de corto plazo, pero no necesariamente un fracaso estructural. Habrá que ver si, en los próximos meses, Hochschild logra estabilizar Mara Rosa y restablecer el ritmo que prometía en su arranque.

