Cuando pienso en Fabergé, me viene a la mente aquel asombro infantil al ver un huevo que se abre y revela un tesoro escondido. Esa magia histórica, nacida en Rusia en 1842 y refinada por Peter Carl Fabergé, ahora cambia de manos. Gemfields anunció el 11 de agosto de 2025 la venta de la icónica marca Fabergé a SMG Capital, propiedad del inversionista tecnológico Sergei Mosunov, por 50 millones de dólares.
Durante 18 años, Gemfields utilizó a Fabergé como una ventana de glamour para sus rubíes y esmeraldas. Pero, últimamente, la joya de la corona no brillaba como antes: solo generó 13.4 millones en ingresos durante 2024, muy por detrás de los 117 millones que provinieron del rubí y los 79 millones del esmeralda.
Gemfields tomó una decisión clara: concentrarse en lo que siempre fue su fortaleza, la minería real. Al vender Fabergé, liberan capital y reducen riesgos. Recibirán 45 millones en efectivo al cierre y 5 millones adicionales a través de regalías trimestrales; esa liquidez impulsará operaciones clave, como el establecimiento de una planta procesadora de rubíes en Mozambique y la expansión en Zambia.
En mi opinión, el mensaje es fuerte: Gemfields asume que su valor real está bajo tierra, no en vitrinas. Esa valentía corporativa refuerza su visión minera, deja atrás distracciones estratégicas, y muestra pragmatismo. La minera se renueva y actúa con convicción.
SMG Capital, por su parte, se convierte en guardián de un legado. Mosunov declaró sentirse honrado de custodiar una marca con raíces en Rusia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, y promete expandir su presencia global . El desafío será mantener ese halo de exclusividad sin perder autenticidad histórica.
Este momento marca una transición: termina una era de coqueteo entre glamour y minería, y comienza una etapa enfocada, donde cada dólar irá directo al corazón operativo de Gemfields. Lo veo como un paso honesto y directo hacia su esencia. Gemfields apuesta por lo suyo, y eso me inspira confianza.

