El 31 de julio, la mina subterránea El Teniente —orgullo de la minería chilena y una de las joyas de la estatal Codelco— vivió una de sus jornadas más trágicas. Un colapso en una de sus galerías provocó la muerte de seis trabajadores, obligando a suspender operaciones en diversas áreas para permitir investigaciones y labores de inspección.
Más de una semana después, Codelco anunció que recibió la autorización de la Dirección del Trabajo para reiniciar actividades en zonas no afectadas por el siniestro. El permiso llega tras el visto bueno de la Superintendencia del Medio Ambiente y el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) para un reinicio gradual, con la condición de reforzar protocolos de seguridad y asegurar que no exista riesgo para las cuadrillas.
Zonas que vuelven a producir
Las áreas Pilar Norte, Panel Esmeralda, Pacífico Superior y Diablo Regimiento son algunas de las que retoman operaciones. La reactivación de estas secciones busca minimizar el impacto productivo sin comprometer la seguridad. En cambio, sectores como Recursos Norte y Andesita permanecerán cerrados hasta que concluyan las inspecciones y pruebas estructurales.
Este reinicio parcial no solo representa un alivio operativo, sino también una señal de confianza en que las causas del accidente están siendo abordadas. Las autoridades y Codelco han insistido en que la prioridad sigue siendo la vida de los trabajadores, algo que los sindicatos vigilan de cerca.
Un pilar para Chile y el cobre mundial
El Teniente no es una mina cualquiera. Es el yacimiento subterráneo de cobre más grande del planeta, con más de 4,500 kilómetros de túneles excavados en plena cordillera de los Andes. Su producción alimenta parte importante de las exportaciones de Chile, país que aporta cerca del 25% del cobre que se consume en el mundo.
Para Codelco, este complejo es vital. En 2023, la estatal produjo alrededor de 1,3 millones de toneladas métricas de cobre fino, y El Teniente representó un porcentaje significativo de esa cifra. Cualquier interrupción en sus operaciones puede repercutir no solo en las finanzas de la compañía, sino también en el mercado global del metal rojo.
Impacto económico y laboral
Más allá de la producción, la mina es motor económico para la región de O’Higgins, generando miles de empleos directos e indirectos. La paralización completa habría significado pérdidas millonarias y un golpe para las comunidades proveedoras de servicios. El reinicio parcial, aunque no resuelve del todo el problema, sí reduce la presión financiera y mantiene activa parte de la cadena productiva.
El mercado del cobre, por su parte, se mantiene atento. En contextos de oferta limitada, cualquier interrupción en un productor de la talla de Codelco puede influir en los precios internacionales, que ya han mostrado volatilidad en 2024 por factores geopolíticos y la transición energética.
Seguridad reforzada y aprendizaje
El accidente ha puesto bajo la lupa los protocolos de seguridad de la compañía. Codelco anunció que antes del reinicio en cada área, se realizarán inspecciones exhaustivas y se instalarán sistemas adicionales de monitoreo geotécnico. La compañía también evalúa nuevas tecnologías para detección temprana de riesgos, como sensores sísmicos y escaneo láser de túneles.
En otras ocasiones, la minería chilena ha demostrado su capacidad para levantarse tras tragedias, como ocurrió en 2010 con el rescate de los 33 mineros en Copiapó. Cada evento, aunque doloroso, deja aprendizajes que se traducen en estándares más altos de seguridad.
El equilibrio entre producción y seguridad
Para Codelco, el desafío ahora es retomar niveles de producción sin precipitarse. La presión del mercado y los compromisos con clientes internacionales son reales, pero cualquier descuido podría tener consecuencias graves. La autorización de la Dirección del Trabajo marca un paso importante, pero no es un retorno total a la normalidad.
Las comunidades, sindicatos y observadores del sector estarán atentos a que la estatal cumpla sus promesas. Como en muchas actividades industriales, la minería no está exenta de riesgos, pero con inversión en tecnología, capacitación y mantenimiento, estos pueden minimizarse.

