China ya alcanzó picos históricos en su producción de refinado de cobre. Sin embargo el déficit de mineral y chatarra ha obligado a las fundiciones a recortar operaciones justo cuando el gobierno endurece sus políticas contra la sobrecapacidad.
Una tendencia que cambia
Las fundiciones en julio produjeron cerca de 1.175 millones de toneladas. En agosto se espera una producción de 1.168 millones, lo que representa una caída de 0.5 % respecto al pico. El descenso sería mayor en septiembre, pues cinco plantas con capacidad combinada de 900 000 t realizarán mantenimiento.
Mientras la capacidad instalada siguió creciendo incluso ante mercados débiles, ahora la escasez de concentrado y baja rentabilidad están alcanzando un punto crítico. Los niveles de inventario en puertos chinos se han reducido a solo 560 900 t, el nivel más bajo del año.
Los cargos por procesar concentrado (TC/RC) estaban profundamente negativos, pero recientemente comenzaron a subir, lo que sugiere una alineación mayor entre capacidad y suministro de mineral.
A diferencia de varios competidores extranjeros, las fundiciones chinas gozan de respaldo estatal, lo que les ha permitido mantener producción incluso con márgenes muy reducidos y compensarla parcialmente con ingresos por subproductos como azufre, oro o plata.
Ese respaldo ahora enfrenta una mayor urgencia gubernamental para frenar la sobreproducción y frenar las presiones deflacionarias en la economía.
Los datos oficiales de producción de julio se publicarán el 18 de agosto y constituirán un indicador clave para confirmar este cambio de tendencia.
La escasez de concentrado, aunada a las limitaciones en la chatarra, ha impactado la economía del fundido, lo que refuerza la posibilidad de recortes mayores si no se amplía la oferta minera o se racionaliza la capacidad industrial.

