Hace apenas un año, Antofagasta Minerals lidiaba con márgenes más estrechos y costos en aumento. Hoy, el panorama es radicalmente distinto. En el primer semestre de 2025, la minera chilena reportó un incremento del 60% en su Ebitda, alcanzando los 2,230 millones de dólares. Este repunte no es casualidad. Es resultado directo de una mayor producción de cobre, costos más contenidos y un mercado que premia con precios más altos a quienes producen el metal crucial para la transición energética.
El beneficio antes de impuestos se disparó a 1,160 millones de dólares, frente a los 712.6 millones registrados en el mismo periodo del año anterior. Con un margen Ebitda de 58.8%, Antofagasta se posiciona en la cima del ranking mundial entre las productoras puras de cobre. Así lo destacó su CEO, Iván Arriagada, quien subrayó que este es el nivel más alto de rentabilidad desde 2021.
El motor detrás de estos números tiene nombre y apellido: Centinela y Los Pelambres. En estas dos operaciones clave se concentró el aumento de producción, que llegó a 314,900 toneladas de cobre en el semestre. Las ventas del metal crecieron 17%, mientras que las de oro, otro comodín del portafolio, subieron 53%. En total, el aumento en ingresos, sumado a un mejor control de los costos, llevó a la compañía a duplicar su dividendo interino: 16.6 centavos por acción, frente a los 7.9 del año pasado.
Antofagasta no se duerme en sus laureles. Está ejecutando cuatro proyectos estratégicos que apuntan a sostener, e incluso incrementar, su capacidad en el mediano plazo. Uno de ellos es la expansión de la planta desaladora de Los Pelambres, un paso clave para asegurar la operación hasta 2051. La disponibilidad de agua es un tema cada vez más sensible en Chile, especialmente en zonas donde la sequía es persistente.
En Centinela, por otro lado, avanza la construcción de un segundo concentrador con capacidad de 150,000 toneladas diarias, cuya entrada en operación está prevista para 2027. Este proyecto tiene el potencial de cambiar la escala de producción de la empresa en el norte del país, posicionándola aún mejor para capitalizar la demanda futura de cobre.
Zaldívar también recibió luz verde para extender su vida útil hasta 2051, bajo la condición de transicionar al uso de agua de mar o fuentes externas a partir de 2028. Este tipo de decisiones demuestran cómo la industria minera, frecuentemente criticada por su huella ambiental, está adoptando tecnologías y estrategias para operar de forma más responsable. Si bien la minería tiene impactos, también ofrece soluciones concretas para la transición energética global y para el desarrollo económico local.
Un ejemplo claro es la tecnología Cuprochlor-T, que Antofagasta está probando a gran escala. Esta innovación busca recuperar cobre desde relaves de sulfuros primarios, abriendo la posibilidad de revalorizar residuos mineros que antes se consideraban estériles. Si se valida su eficacia, podría marcar un antes y un después en la forma de explotar y cerrar operaciones mineras.
La guía de producción para todo 2025 se mantiene entre 660 y 700 mil toneladas. No obstante, Arriagada advirtió que las mantenciones programadas en Los Pelambres durante julio y agosto podrían hacer que la producción final del año se ubique en el rango inferior. Pese a ello, la analista de CFRA Research, Wan Nurhayati, considera que la meta sigue siendo alcanzable, gracias a un mejor desempeño en Centinela Concentrates, donde los grados del mineral han sido más altos.
Si bien la mayor parte de su actividad se concentra en Chile, Antofagasta aún tiene interés en su proyecto estadounidense Twin Metals, en Minnesota. Este desarrollo se encuentra paralizado desde que la administración Biden revocó los permisos por preocupaciones ambientales. Sin embargo, Arriagada ha expresado su confianza en que el escenario podría cambiar. La reciente decisión del expresidente Donald Trump de imponer un arancel del 50% a las importaciones de cobre podría abrir la puerta a un renovado interés por producir localmente.
Antofagasta representa un caso interesante dentro del panorama minero global. No solo por su desempeño financiero, sino por su estrategia de crecimiento sostenido y sus esfuerzos por innovar y operar de forma más sostenible. En un contexto donde el cobre es cada vez más codiciado —por su papel fundamental en energías limpias, vehículos eléctricos e infraestructura verde—, contar con operaciones eficientes y proyectos bien encaminados es una gran ventaja competitiva.
Hoy más que nunca, la minería del cobre no es simplemente extracción de un recurso: es una apuesta por el futuro. Y Antofagasta parece estar jugándola con inteligencia.

