El almacenamiento energético está viviendo una auténtica revolución. Con proyectos emblemáticos como el Thorpe Marsh en Inglaterra, impulsado por Fidra Energy, las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP) están desplazando a las tradicionales basadas en níquel y cobalto. Este cambio no solo impacta la transición energética global, sino que está reconfigurando los mercados mineros internacionales.
La caída del níquel y el cobalto
Durante años, analistas predijeron que la demanda de baterías para vehículos eléctricos (EV) dispararía los precios del níquel y el cobalto. En respuesta, grandes productores como Indonesia (níquel) y la República Democrática del Congo (cobalto) aumentaron su capacidad. Sin embargo, el auge de las baterías LFP cambió el juego.
Estas baterías son más baratas, más duraderas (hasta 20 años de vida útil) y no dependen de metales problemáticos. Como resultado, la intensidad de uso de níquel y cobalto en las baterías cayó un tercio para el níquel y dos tercios para el cobalto en solo cuatro años. Los precios del níquel se han reducido a la mitad en tres años, mientras que el cobalto ha perdido 60% de su valor.
Un impulso para el litio
Aunque la demanda de EV sigue creciendo (23% en 2024), el almacenamiento estacionario está creciendo aún más rápido (51% en 2024 y proyectado 40% en 2025). Esto da una nueva relevancia al litio, esencial para las baterías LFP. Aunque el mercado del litio enfrenta sobreoferta, su papel estratégico sigue siendo vital.
Desde una perspectiva minera, esto es una oportunidad: los productores de litio en Argentina, Chile y China pueden posicionarse como piezas clave en la transición energética. Aunque enfrentan críticas ambientales y sociales, no cargan con la misma presión reputacional que el cobalto del Congo.
La presión geopolítica y tecnológica
El liderazgo de China en baterías LFP es innegable: 90% de las baterías de almacenamiento en EE.UU. son importadas de allí. Aunque Washington y Bruselas intentan reducir su dependencia, empresas como Fidra Energy reconocen que la cooperación pragmática con China es necesaria para cumplir metas de cero emisiones.
Mientras tanto, gigantes como LG Energy Solution reconvierten plantas en EE.UU. para producir baterías LFP, buscando reducir su exposición a los vaivenes de los EV. Esto muestra cómo la industria minera puede adaptarse: enfocándose en los minerales y tecnologías que liderarán los próximos 20 años.
Oportunidades para la minería
Aunque el auge de LFP ha golpeado al níquel y al cobalto, no todo está perdido para estos metales. Existen aplicaciones industriales, aleaciones avanzadas y mercados emergentes donde seguirán siendo fundamentales. Además, el avance tecnológico nunca se detiene: si surgen baterías nuevas que requieran estos materiales, los productores bien posicionados podrán capitalizarlo.
La minería, lejos de ser solo víctima de los cambios tecnológicos, puede ser un actor resiliente e innovador. Al anticipar tendencias, diversificar productos y fortalecer estándares ambientales y sociales, el sector tiene una oportunidad de oro para seguir siendo protagonista de la transición energética global.

