Barrick Gold ha suspendido sus operaciones en la mina de oro Porgera, ubicada en Papúa Nueva Guinea, tras un estallido de violencia tribal que dejó al menos 20 personas muertas. La mina, una de las más importantes en la región, ha sido escenario de crecientes tensiones entre los pobladores locales y grupos de colonos ilegales que han ocupado terrenos cercanos.
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Las autoridades de Papúa Nueva Guinea han tomado medidas drásticas para contener la violencia, otorgando a la policía poderes de emergencia, incluyendo el uso de fuerza letal. Esta decisión se produjo después de que los enfrentamientos entre colonos ilegales y terratenientes locales en Porgera escalaran a un punto crítico, poniendo en riesgo la seguridad de la población y de los trabajadores de la mina. Los periódicos locales Post-Courier y The National reportaron que esta escalada de violencia se había intensificado durante el fin de semana.
Un portavoz de Barrick Gold confirmó la suspensión de la mayoría de las operaciones de la mina hasta el 19 de septiembre, con el fin de proteger a sus empleados mientras el gobierno trabaja en restaurar el orden en la región. “La mina de oro Porgera ha suspendido la mayoría de sus operaciones hasta el 19 de septiembre para la protección de sus empleados mientras el gobierno restaura la ley y el orden en la región circundante”, expresó el portavoz en un comunicado emitido el martes por la noche.
La violencia no solo afectó las operaciones de la mina, sino que también tuvo consecuencias trágicas para la empresa. Dos empleados de Barrick Gold perdieron la vida en medio de los enfrentamientos, una señal de la gravedad de la situación en Porgera. Este lamentable hecho subraya los peligros que enfrentan tanto los trabajadores de la mina como los habitantes locales en una región que ha sido históricamente conflictiva.
Papúa Nueva Guinea, una nación insular situada al norte de Australia, alberga cientos de tribus con distintas lenguas y tradiciones. El país ha lidiado durante mucho tiempo con conflictos tribales, muchos de los cuales se originan en disputas por tierras y recursos. No obstante, en la última década, la violencia ha incrementado considerablemente debido a la introducción de armas más sofisticadas. Lo que antes eran enfrentamientos con arcos y flechas se ha transformado en guerras tribales con rifles militares, exacerbando la gravedad de los conflictos.
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Las tensiones se han visto incrementadas también por la política electoral del país, la cual ha profundizado las divisiones entre las tribus, generando una mayor fragmentación y rivalidades. En este contexto, las disputas por el control de tierras y recursos como el oro, especialmente en una mina tan valiosa como Porgera, han intensificado los conflictos.
La minería es uno de los pilares económicos de Papúa Nueva Guinea, con la mina Porgera contribuyendo significativamente a la economía local y nacional. Sin embargo, la presencia de empresas mineras también ha generado conflictos sociales y medioambientales. Los terratenientes locales han expresado repetidamente su descontento con la manera en que se distribuyen las ganancias de la minería y con el impacto ambiental que estas operaciones generan en la región.
A pesar de los desafíos, la minería sigue siendo una fuente clave de ingresos para Papúa Nueva Guinea. Barrick Gold, una de las empresas mineras más grandes del mundo, ha mantenido operaciones en la mina Porgera durante años, a pesar de las dificultades que ha enfrentado. La suspensión temporal de las operaciones pone en evidencia la fragilidad de la situación, pero también destaca la necesidad de encontrar soluciones a largo plazo que promuevan la paz y la estabilidad en la región.
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La suspensión de las actividades mineras en Porgera plantea interrogantes sobre el futuro de la región y sobre cómo el gobierno y las empresas mineras pueden trabajar conjuntamente con las comunidades locales para mitigar los conflictos. La minería, cuando se gestiona de manera responsable, puede ser una fuerza de desarrollo económico y social, proporcionando empleos, infraestructura y recursos para las comunidades locales. Sin embargo, también es crucial que las preocupaciones de los pueblos originarios y de los habitantes de la región se aborden de manera adecuada.

