China ha decidido llevar a Canadá ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar los nuevos aranceles impuestos por Ottawa a productos clave de origen chino, incluyendo vehículos eléctricos, acero y aluminio. Esta medida marca la tercera vez en 2023 que China desafía aranceles a los vehículos eléctricos en la OMC, después de casos presentados contra Estados Unidos en marzo y la Unión Europea en agosto.
El Ministerio de Comercio chino catalogó los aranceles como “proteccionismo comercial”, argumentando que distorsionan las cadenas de suministro globales. En su comunicado del viernes, urgió a Canadá a retirar estas medidas. Según Beijing, estas políticas buscan bloquear injustamente el acceso de productos chinos al mercado canadiense, afectando tanto a fabricantes como a consumidores.
Canadá anunció que impondrá aranceles del 100% sobre los vehículos eléctricos fabricados en China, con vigencia a partir del 1 de octubre de 2023. Estos nuevos aranceles también impactarán a ciertos automóviles híbridos, camiones, autobuses y furgonetas de entrega. Además, Canadá planea imponer un arancel adicional del 25% sobre las importaciones de acero y aluminio provenientes de China a partir del 15 de octubre.
En un contexto donde China intenta compensar la desaceleración de su economía interna con un aumento en sus exportaciones, varias naciones han adoptado o están considerando aplicar medidas similares a las de Canadá. Los aranceles impuestos sobre los vehículos eléctricos y productos de acero y aluminio son una respuesta directa a lo que muchos países consideran competencia desleal por parte de China, la cual produce estos bienes a precios mucho más bajos gracias a una estructura de costos y subsidios estatales que distorsionan el mercado.
Sin embargo, estos aranceles no solo afectan a los productores chinos, sino también a las economías de los países que los imponen. Los consumidores en Canadá, por ejemplo, probablemente experimenten un aumento en los precios de los vehículos eléctricos, lo que podría desacelerar la adopción de esta tecnología en un momento crucial para la transición energética mundial.
Además de llevar a Canadá ante la OMC, China ha iniciado una investigación antidumping sobre las importaciones de colza (rapeseed) provenientes de Canadá. Este movimiento es una respuesta directa a los aranceles canadienses y busca proteger a los productores chinos de los posibles impactos negativos que puedan derivarse de un exceso de importaciones a precios bajos. En este contexto, el Ministerio de Comercio chino subrayó que tomará todas las medidas necesarias para salvaguardar los derechos e intereses legítimos de las empresas chinas.
Este conflicto comercial no es un caso aislado. A lo largo de 2023, China ha iniciado múltiples disputas comerciales ante la OMC, desafiando los aranceles impuestos sobre sus productos por varios países. En marzo, China presentó un caso contra los Estados Unidos relacionado con aranceles a los vehículos eléctricos y en agosto hizo lo mismo contra la Unión Europea.
La razón detrás de estos conflictos radica en el esfuerzo de China por defender su posición en el comercio internacional, en un contexto donde su economía interna muestra signos de desaceleración. Con el objetivo de aumentar sus exportaciones, el gobierno chino ha fomentado una mayor producción de bienes clave como los vehículos eléctricos, que forman parte de su estrategia para liderar la transición hacia energías limpias.
Sin embargo, este crecimiento ha provocado inquietudes entre otros países, que acusan a China de dumping —vender productos a precios por debajo de su costo de producción para ganar cuota de mercado— y de beneficiarse de subsidios estatales que crean una competencia desleal. Estos factores han impulsado a naciones como Canadá a imponer barreras arancelarias para proteger sus industrias nacionales.
El resultado de esta disputa entre China y Canadá podría tener implicaciones significativas para el comercio global y las relaciones económicas entre ambos países. Aunque la OMC tardará en resolver el caso, los efectos inmediatos ya se están sintiendo en ambos lados. Para Canadá, los aranceles podrían provocar una escasez o encarecimiento de vehículos eléctricos y materiales clave como el acero y el aluminio, afectando a la industria manufacturera y al consumidor final. Por otro lado, China podría buscar diversificar sus mercados de exportación o imponer represalias comerciales que compliquen aún más las relaciones comerciales con Canadá.
Este conflicto es una muestra de cómo las tensiones comerciales entre las grandes potencias están remodelando el panorama global. A medida que más países adoptan políticas proteccionistas para defender sus industrias, la posibilidad de una mayor fragmentación en el comercio internacional parece cada vez más probable.

