La minería no petrolera de México, que durante años ha sido un pilar fundamental de la economía nacional, experimentó un crecimiento del 1,6% a tasa anual en febrero, marcando su primer repunte en 12 meses, según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este crecimiento, aunque modesto, es una señal esperanzadora para un sector que enfrentó una contracción del 2% en el año anterior.
Sin embargo, no todo es positivo en el horizonte minero. Los servicios relacionados con la minería, incluidos los del sector petrolero y gasífero, sufrieron una caída drástica del 12,7%, lo que pone de manifiesto la volatilidad y los desafíos que aún enfrenta este sector. La minería metálica y no metálica se ha visto particularmente afectada por la política gubernamental de congelamiento de nuevas concesiones y la incertidumbre tras la reforma minera de mayo. Estas condiciones han frenado la exploración y la inversión, pilares esenciales para el desarrollo sostenido del sector.
La minería en México no solo enfrenta desafíos internos, sino también externos. La reforma constitucional propuesta a inicios de año, que busca prohibir la minería a cielo abierto y priorizar el consumo doméstico de agua, podría representar un obstáculo significativo. Si esta reforma se aprueba, los efectos sobre la economía podrían ser severos, limitando aún más la capacidad de México para competir en el ámbito minero global.
Pese a estos retos, existen señales de resiliencia y oportunidades de crecimiento. La racha alcista del oro, que se acerca a romper el techo de US$2,400 por onza, junto con el aumento en los precios de la plata y el cobre, continúa beneficiando a las empresas mineras establecidas en México. Estos factores externos ofrecen un alivio y una ventana de oportunidad para que el sector se reafirme y potencialmente atraiga nuevas inversiones.

