Desde el último mes, el escenario minero de la República Democrática del Congo ha sufrido un giro preocupante que pone en jaque la cadena de suministro de tantalio, un mineral esencial en la fabricación de dispositivos electrónicos modernos como computadoras y teléfonos móviles. El grupo rebelde M23, que según el gobierno congoleño cuenta con el apoyo de Ruanda, ha bloqueado las rutas comerciales hacia Goma, un núcleo comercial clave, fomentando además el contrabando de tantalio desde algunos de los yacimientos más ricos del país.
Este conflicto no es solo un asunto local sino que tiene implicaciones globales, dado que tanto Congo como Ruanda son las principales fuentes de tantalio a nivel mundial, según estimaciones del Servicio Geológico de los Estados Unidos. La provincia de Kivu Norte, en particular, representó alrededor de la mitad del suministro de Congo al mundo en 2022, sufriendo una caída del 59% en sus exportaciones el último año debido al avance del M23 y a disputas de propiedad sobre la mina más grande del país, Rubaya.
Las acusaciones cruzadas entre Congo y Ruanda y el papel de las milicias en la explotación y el comercio de tantalio complican aún más el panorama. Los esfuerzos de más de una década por parte de grupos de la industria, incluidas compañías como Intel Corp. y Apple Inc., para asegurar cadenas de suministro libres de conflictos, se ven desafiados por la reciente ofensiva del M23, que no solo tiene un impacto económico sino también humanitario, dejando a más de un millón de personas en campamentos en condiciones precarias.
La dinámica del conflicto, con raíces que se remontan al genocidio en Ruanda de mediados de los 90, revela una compleja red de intereses económicos, políticos y étnicos. Con más de 100 grupos armados activos en la región, el control de la tierra y el acceso económico y político se entrelazan con antiguas rencillas étnicas, creando un entorno de inestabilidad crónica que afecta directamente al suministro mundial de un recurso clave para la tecnología contemporánea.

