La industria del carbón, que durante mucho tiempo ha sido un pilar en la producción energética mundial, se encuentra en una encrucijada. Un estudio reciente sugiere que hasta un millón de empleos podrían desaparecer para 2050. ¿Qué impulsa este cambio y cómo se prepara el mundo para él?
China e India en la Mirilla
China e India, dos de los principales consumidores de carbón del mundo, sufrirán las pérdidas más significativas en términos de empleo. Con cientos de minas que se espera cierren en las próximas décadas, estos países enfrentan la presión no sólo de la agotadora vida útil de estas minas sino también del creciente impulso mundial hacia fuentes de energía más limpias.
Sin embargo, el problema no es sólo el inevitable cierre de minas. Según el Global Energy Monitor (GEM), la mayoría de estas minas carecen de planes robustos para gestionar la transición posterior al carbón. Esta falta de preparación sugiere un impacto económico y social aún más profundo.
Llamado a la Acción
Dorothy Mei, de GEM, hace hincapié en la necesidad de una acción gubernamental. La transición energética, si bien es esencial, no debe hacerse a expensas de la fuerza laboral de la industria del carbón. Aunque es inevitable que las minas de carbón cierren, los desafíos económicos y sociales para los trabajadores no deberían serlo.
La profundidad del problema es aún más clara cuando consideramos que de los 4,300 proyectos mineros de carbón en el mundo, con 2.7 millones de trabajadores, más de 400,000 de estos trabajadores estarán desempleados antes de 2035.
Mirando Hacia el Futuro
Para mantener el calentamiento global bajo control, se estima que sólo se requerirían 250,000 mineros en el 2050. China, el gigante del carbón, enfrenta un panorama particularmente desolador. Sólo en la provincia de Shanxi, se prevé una pérdida de más de 240,000 empleos.
El desafío no termina aquí. Como señala Ryan Driskell Tate, del GEM, la industria ha sido notoriamente difícil con sus trabajadores. La responsabilidad recae ahora en los gobiernos y la industria para garantizar que los trabajadores y las comunidades afectadas reciban el apoyo necesario.

