Exxon Mobil, el gigante de la energía fósil, refleja una transición energética cautelosa pero definitiva a través de su última adquisición, Denbury, por $4.9 mil millones. La operación, que se ha cerrado completamente en acciones, proporciona a Exxon Mobil una forma financieramente estratégica de capturar y mover dióxido de carbono, reforzando su enfoque hacia una economía de baja emisión de carbono.
Denbury, reconocida por sus capacidades en captura de carbono, se destaca por operar la red de oleoductos de carbono más grande de los Estados Unidos, que abarca 1,300 millas. El potencial de Denbury en este ámbito se ve respaldado por los cambios en la política climática de los Estados Unidos, con un fuerte impulso para reducir la cantidad de emisiones liberadas en la atmósfera.
La adquisición posiciona a Exxon Mobil en la vanguardia de las estrategias de lucha contra el cambio climático, al permitirle implementar técnicas de captura y almacenamiento de carbono más eficientes. Este proceso involucra la eliminación de dióxido de carbono, ya sea de la fuente de contaminación o del aire en general, y su almacenamiento en profundidad. En algunos casos, el dióxido de carbono se transporta a través de estados mediante oleoductos y se almacena en instalaciones para su uso en otras aplicaciones.
Exxon Mobil y Denbury: Una Alianza Estratégica
La adquisición de Denbury es más que una simple expansión para Exxon Mobil. El CEO de Exxon, Darren Woods, expresó que la adquisición refleja la determinación de la empresa para “crecer rentablemente en el negocio de soluciones de bajo carbono”. Al hacerlo, Exxon espera servir a una gama de industrias difíciles de descarbonizar con una oferta completa de captura y almacenamiento de carbono.
La ubicación estratégica de los oleoductos de Denbury también juega un papel crucial. Situados en Louisiana, Texas y Mississippi, los oleoductos se encuentran en uno de los mercados más grandes de emisiones de CO2 en los Estados Unidos. Además, Denbury opera diez sitios de almacenamiento terrestre ubicados estratégicamente.
Con la adquisición de Denbury, Exxon no solo refuerza su transición hacia un futuro más verde, sino que también se asegura una fuente constante de ingresos. Según Refinitiv, se espera que Denbury genere una ganancia operativa de $477 millones en 2024, lo que se traduce en un retorno de inversión teórico de alrededor del 10%.
Además, los oleoductos de Denbury no solo pasarán por las instalaciones de refinación de Exxon en la costa del Golfo, mejorando sus esfuerzos para producir amoníaco de bajo carbono, sino que la empresa también inyectará dióxido de carbono en pozos envejecidos para aumentar la producción de petróleo. Denbury afirma que el 28% de su producción es “petróleo azul” que produce emisiones negativas de alcance 3.
Por tanto, la adquisición de Denbury es un movimiento estratégico para Exxon Mobil en su camino hacia la transición verde, mientras sigue beneficiándose de su negocio principal de petróleo.

