Velardeña, Durango.- A mediados del año pasado, dentro del Proyecto Velardeña, en el que invierte Met Mex Peñoles y que en unas semanas será inaugurado oficialmente como mina, comenzó la contratación de personal para iniciar las labores de extracción de mineral. La convocatoria estuvo abierta tanto para hombres como para mujeres.
La noticia sobre las contrataciones se difundió rápidamente entre los habitantes de las comunidades rurales de Velardeña, Pedriceña, Cuatillos y del propio municipio de Cuencamé, en Durango.
Viridiana Guzmán, Tomasa Lares y Viridiana Isabel Sotelo, todas madres de familia, decidieron presentarse en busca de una oportunidad laboral.
Actualmente, en esta operación minera, que una vez en funcionamiento será conocida como Minera El Roble, unidad Velardeña, trabajan alrededor de 400 personas, de las cuales el 20% son mujeres, en su mayoría provenientes de comunidades cercanas.
Viridiana Guzmán Amador, de 25 años, es madre soltera de una niña de cinco años. Aunque estudió la licenciatura en Informática, el hecho de tener familiares que han trabajado en minería la motivó a solicitar empleo en el sector.
Cada día, conduce un camión de bajo perfil dentro de la mina, transportando hasta 40 toneladas de mineral por viaje.
“Empezaron a decir que contratarían mujeres y me animé a postularme. En mi familia hay hombres que han trabajado en minas, así que pensé: ¿por qué las mujeres no podemos hacerlo? Y aquí estoy.
Tengo una hija de cinco años, soy licenciada en Informática, pero aquí solo hay oportunidades laborales en maquilas, no hay más opciones”, comenta Viridiana, quien, aunque su pequeña aún no comprende los riesgos de su trabajo, ya siente orgullo por su madre.
Al igual que ella, Tomasa Lares González, de 24 años, también opera un camión de bajo perfil. A pesar de su complexión delgada y estatura baja, ha aprendido a manejar la pesada unidad con destreza.
Es madre soltera de tres hijos: una niña de seis años, un niño de cuatro y la más pequeña de dos. Sus hijos quedan al cuidado de su bisabuela mientras ella trabaja.
“Fui criada por mi abuela y ahora ella también cuida a mis hijos. Sin su apoyo y el de mi familia, no podría estar aquí. Nunca imaginé que las mujeres pudieran trabajar en la minería. El sueldo es mucho mejor que en las maquilas, aunque también hay más riesgos, pero creo que todo depende de ser precavido y revisar bien el equipo de seguridad”, explica Tomasa, quien en su jornada laboral puede descender hasta 600 metros de profundidad para transportar mineral.
Por su parte, Viridiana Isabel Sotelo Valdez, conocida entre sus compañeros como “la lic”, tiene una historia diferente. Estuvo casada, pero poco después del nacimiento de su primer y único hijo, se divorció.
Antes de su separación, se dedicaba exclusivamente a su hogar y a terminar su carrera en Trabajo Social.
“No venía con la idea de trabajar en minería. Cuando busqué empleo, la encargada de Recursos Humanos me comentó que no había vacantes en mi área, pero sí en la mina, así que me animé, principalmente por mi hijo y por sacarlo adelante.
Al principio fue difícil, mi mamá me decía que no dormía de la preocupación.
Le cuento a mi hijo lo que hago y le emociona mucho. Tiene dos años y medio, pero ya dice que él también trabajará en una mina”, comparte Viridiana Isabel.
Estas mujeres, que hace menos de un año no imaginaban desempeñarse en este ámbito, han dejado atrás su rol exclusivo de amas de casa o profesionistas para convertirse en mineras, impulsadas por el deseo de brindar un mejor futuro a sus hijos.

